24.08.2016

Tintos de tiza: 12 vinos para sentir una nueva dimensión en tu paladar

Hay una sensación gustativa que gana la escena entre los vinos de alta gama: los "taninos de tiza". Te contamos cómo reconocerla y en qué botellas encontrarla.


Es la nueva moda en materia de tintos. No se trata de una variedad, tampoco de una región en sentido estricto ni de un estilo o tipo de madera. Por el contrario: hablamos de una textura a la que se denomina “tiza” y se reconoce como una sequedad polvorienta en la lengua, similar a la que deja borrar un pizarrón o la que produce respirar un ambiente con talco.

¿Por qué aparece ahora esta rara y nueva textura? La respuesta es múltiple, pero fundamentalmente por tres motivos. Primero, el arribo de viñedos de altura asegura un clima más frío que incide indirectamente en esta sensación. Otra razón es el adelanto de la fecha de madurez en busca de estilos más frescos. Finalmente, hay una situación de estrés generada en el suelo por la presencia de carbonatos de calcio, aunque la relación calcio-tiza no esté aún probada.

Así, a la fecha, hay un pelotón de tintos mendocinos provenientes de Gualtallary y Paraje Altamira, ambos en el Valle de Uco, que buscan realzar esa expresión sutilmente tánica. Y si bien no está tan claro cuál es la suma de factores que determina este producto, una cosa es evidente: en los vinos se aprecian estos taninos que el italiano Antonio Morescalchi, de Altos Las Hormigas, llamó de tipo 3D, porque aporta una nueva sensación de volumen al paladar.



Para los equipos técnicos de las bodegas y para la ciencia no están claras las causas que determinan la aparición de esta sensación en el vino. El agrónomo Marcelo Belmonte, gerente de viñedos del Grupo Peñaflor, sostiene que “las plantas cultivadas en determinado clima frío, con estrés de nutrientes en el suelo, provoca que el vino elaborado con esas uvas destaque esta presencia de textura”. Otro agrónomo, Martín Kaiser, al frente de Doña Paula y su departamento de investigación, ha logrado establecer una correlación similar entre los factores: “Creo que la situación de estrés nutricional, sumada al frío son determinantes”, sostiene. 

En la vereda de enfrente, algunos enólogos como Edgardo del Popolo Susana Balbo Wines o Alberto Antonini consultor global y propietario de Altos Las Hormigas están convencidos de que el carbonato de calcio en el suelo es la clave. “Está comprobado dice Antonini que los suelos calcáreos determinan esa textura y nosotros estamos trabajando en la Argentina y en Francia seleccionando suelos así para el Malbec”.

Otros, como el enólogo Ángel Mendoza, citando al prócer en la investigación del vino Émile Peynaud, sostienen que la textura no proviene del suelo ni del estrés, sino del modelo de elaboración. “Debido a una concentración creciente de ácido succínico, que está comprobado que es secante, se obtiene esa textura”, afirma.



Cualquiera sea el caso, una cosa es segura: hay vinos que ofrecen tiza y vinos que no, indistintamente de las variedades y con cierta regularidad en ciertas regiones. Y esa textura es una sensación nueva para un mercado como el nuestro, que hasta ahora ofrecía bocas tersas o rugosas según la juventud del vino.  A esas dos se suma esta nueva variante, por la que los enófilos están dispuestos a pagar la diferencia, a juzgar por los precios que manejan los vinos de tiza. ¿En cuáles vale la pena invertir? Anotá.

Acordeón Malbec (2013, $130). Elaborado con uvas de Gualtallary por Finca Ferrer, la filial local de los catalanes Freixenet, es uno de los ejemplares más accesibles en los que se puede encontrar la textura de tiza, aunque no muy pronunciada. Frutado, con trazo herbal, al paladar es fresco y jugoso. Tinto asadero por excelencia y precio.

Zorzal Terroir Único Malbec (2014, $130). Gualtallary, arriba en el valle de Uco, tiene viñedos a unos 1450 metros sobre el nivel del mar –y algo más también–. Ahí el Malbec consigue expresar la textura de moda y este ejemplar de Zorzal Wines es otro de los accesibles para entrar al tema. Frutado y balsámico, al paladar propone frescura elevada.

Tinto Negro Limestone Malbec (2012, $245). Ya desde el nombre este vino declara sus intenciones de tiza: limestone es el término inglés que designa el tipo de suelo calcáreo en el que, al menos en teoría, se obtiene esta textura. Y el vino no defrauda: fragante, frutado y balsámico, ofrece una boca bien fresca, jugosa y con un tanino de tiza bien evidente. Perfecto para descubrir un vino moderno y un tanino al tono.

Doña Paula 1350 (2014, $260). El viñedo Alluvia, de Bodega Doña Paula, ocupa un rincón heterogéneo de Gualtallary, cruzado por ríos y cerrilladas. Ahí cultivan las uvas para este blend de Cabernet Franc, Malbec y Casavecchia sobre suelos arenosos y pedregosos, con presencia de calcáreo. El tinto es intenso, de fruta negra y roja y especias dulces, y una boca con acidez jugosa y taninos de tiza bien perceptibles. 



Traslapiedra (2015, $285). Blend de variedades y amigos –se trata de un grupo cinco jóvenes que vienen de la música– este es el primer vino lisérgico en un sentido amplio del mercado: la etiqueta, vista a través del acrílico que trae, revela otras cosas; mientras que en materia de sabor es algo fuera de serie. Tinto frutado, fresco y jugoso, ofrece una marcada textura de tiza, con lo que completa la sensación 3D. Vino curioso si los hay.

La Igriega Malbec (2012, $290). Las últimas cosechas fueron duras para los productores de uva, que no conseguían hacer respetar el precio de la materia prima. Por eso, algunos de ellos se lanzaron a embotellarlas y ahora lanzan sus vinos. Es el caso de Finca La Igriega, en Paraje Altamira, cuyo Malbec es el ABC de la región: frutado, con trazo balsámico, ofrece un paladar delgado y de frescura elevada, con un rico y delicado tanino de tiza.

Finca Suárez Gran Malbec (2013, $350). En Paraje Altamira algunos productores se mueven más que otros. Finca Suárez está entre los que agitan tanto la región como el estilo de los vinos. Y este Malbec es un cabal ejemplo: de aromas frutales y de hierbas de campo, al paladar ofrece una marcada textura de tiza. Todo presentado en una etiqueta moderna y tipográfica. 

Ayni Malbec (2014, $400). Bodega Chakana comenzó su historia en Agrelo pero ahora está enamorada de Altamira. Ahí, con la misma parcela de Malbec, elaboran este tinto que despeina a los paladares más clásicos. De una expresiva aromática frutal y balsámica, despunta una boca jugosa, de frescura apenas nerviosa y unos ricos y finos taninos de tiza. Conviene compararlo con el Chakana Estate Malbec 2014, que viene de Agrelo, para pescar bien la diferencia.

Lupa Malbec (2014, $450). Malbec de Paraje Altamira, este tinto contracultural –en la etiqueta tiene los descriptores tachados– es el resultado de un viñedo cultivado por Juan Pablo Lupiáñez. Recuerda frutas y flores a la nariz, mientras que al paladar es un tinto de frescura media, amplio en el andar y con una suave textura de tiza. Vino que no entra en exageraciones y que le gustará a todo el mundo. 



Zuccardi Concreto Malbec (2014, $535). Otro de los productores que aboga por el nuevo estilo y textura es Zuccardi, que  incluso inauguró su bodega en Paraje Altamira en marzo de este año. Un vino icónico de esta movida es Concreto, elaborado con uvas de la finca Piedra Infinita y que suma a una aromática frutal y herbal una boca tensa y de taninos de tiza notables. Buen ejemplar para descubrirla.

Altos Las Hormigas Appellation Altamira (2013, $665). Esta bodega es responsable directa de que hoy se hable de taninos de tiza. Trabajaron en pos de conseguirlos en los últimos cinco años y a la fecha incluso los buscan en Cahors, Francia. Para ejemplares locales, este Appellation Altamira es un caso puesto: frutado y balsámico, al paladar es jugoso y de frescura elevada, con una marcada textura de tiza.

DV Catena Adrianna Malbec (2010, $864). El viñedo Adrianna, en Gualtallary, Valle de Uco, es el favorito de Bodega Catena. De allí provienen sus vinos más reputados hoy, como este DV que ofrece, al mismo tiempo, la intensidad de los tintos de altura –color y potencia aromática, con trazo frutal– con un rico ensamble de roble y un paladar jugoso y de tiza. Perfecto para bebedores clásicos con ganas de innovar.

LOS VINOS DE PIPA
En julio pasado se lanzó oficialmente PIPA (Productores Independientes de Paraje Altamira), una asociación todavía sin personería que apunta a fomentar el estilo de vinos austero y de tiza que ofrece la subregión del valle de Uco. En ella están nucleados varios de los tintos de tiza más cotizados, como Finca Suarez, Ayni, Altos Las Hormigas, LUPA, Finca Igriega, Adrián Ríos, Zaha y Teho entre otros. Para conocer más sobre esta movida que promete agitar el avispero, podés ingresar a parajealtamira.org y ver bien de qué va la cosa.  ¡Los bodegueros sean unidos!

Por Joaquín Hidalgo
Fotografía: Santiago Ciuffo 

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